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Pastor Jesús González Báez



«Cartas a mis nietos»
Acerca de la Biblia
Por PARK, S.Stuart

 
Editorial: Ediciones Camino Viejo, 2012
Pgs: 226


Antrialgo, 18 de Julio / Aguadulce, 24 de Julio, 2019.

Comentario al libro CARTAS A MIS NIETOS, de S. Stuart Park. (Ed. Camino Viejo. Valladolid, 2012)

Abrí «Cartas a mis nietos» y comencé a leer en cuanto mi amigo Stuart me lo regaló este verano del 2019. Tuve inicialmente la sensación de estar fisgoneando en la correspondencia de un amante abuelo con sus nietos (5 por aquel entonces). Pero eso fue hasta la segunda o la tercera de ellas, en la que ya me percaté de que yo podría ser también otro más de los destinatarios. Me fui convirtiendo en definitiva en su nieto a cada página, a cada frase.

Hay quien dijo que unas cartas son siempre la mitad de un diálogo. Por ello, yo al menos, quisiera responder a Stuart, con este humilde comentario de su libro, hecho a vuelapluma.

Estas Cartas, son un libro tierno, a la vez contundente y proporcionador de un profundo convencimiento cristocéntrico de la Escrituras.

Las Cartas -tanto en su contenido como en su forma- te sorprenden en muchos aspectos de principio a fin: las narraciones bíblicas magistralmente seleccionadas; el genial paralelismo de los lugares del remite con tales historias; las ilustraciones de Anna Kuś Park, que son verdaderas obras de arte, y que añaden un sentido semántico a cada historia; los únicos adornos que se permite Stuart, una importante lista de nombres de aves, que él conoce perfectamente; sus referencias autobiográficas, etc.

En lo único que no me sorprendió Stuart Park es en su lenguaje sencillo y elegante, a la vez que preciso y exento de adornos inútiles. Stuart, va al grano, en lo de transmitir a sus nietos lo valiosísimo de su herencia. Se percibe claramente que para Stuart no hay mejor heredad que el conocimiento de nuestro Salvador, a través de las Escrituras.

Las Cartas es un libro lleno esa sabiduría de lo alto, de la que nos habla Santiago, pero a la vez repleto de humildad. La seriedad en el tratamiento de los temas bíblicos no se pierde ni decae al convivir con un fino sentido del humor alimentado de las dos culturas que conviven en el propio autor, la anglosajona y la española. Lees y aprendes, pero también te sonríes y hasta te carcajeas en ocasiones. ¿Quién dijo que el humor está reñido con la seriedad o incluso con la exégesis?

Son varias las líneas que se pueden seguir en su lectura, por eso no devoré este libro en dos tardes, ya que leí y releí cada carta atendiendo a sus varias líneas argumentales.

El tema central de las Cartas es -como en todos los libros de Stuart- ponernos en contacto con las Escrituras, como el mayor tesoro que podemos sostener en una de nuestras manos. Pero esta vez se dirige a sus niños, a sus nietos, y a todos los demás -diría yo-. Sus afortunados nietos podrán/podremos releer estas Cartas en la medida que nos vayamos haciendo mayores, y descubriendo nuevas verdades en ellas, ya que su fundamento es la Palabra Viva que habla de Cristo.

Es un libro didáctico y hasta pedagógico, como cualquier docente podrá comprobar. Stuart escribe a sus nietos sobre temas muy profundos con argumentaciones sencillas y fáciles de entender. Planifica y gradúa sus contenidos, y, a veces, cuando el autor entiende que es mejor llegar hasta un punto determinado, nos deja en él, para una carta posterior.

Como todo buen comentarista de la Biblia, Stuart es capaz de trenzar todo su conocimiento acerca de las Escrituras, con los hilos de su propia experiencia vital, con los lugares que ha visitado, o con aquellos en donde ha vivido. Y lo hace con la maestría del que siendo conocedor de su letra y de su espíritu, tiene presente a Cristo en todo momento y lugar.

Stuart, en sus Cartas, nos da una nueva y fresca visión de los relatos bíblicos, que, no por conocidos, dejan de sorprender, de cautivar, si los miras con los ojos del niño, que todos llevamos dentro; de ese niño que es poseedor del Reino de Dios.

Sólo me cabe decir: gracias por recordárnoslo, querido Stuart. Y, por favor, Stuart, sigue escribiéndonos.

Manuel J. Martínez.


 

 

        
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